Financiar sin estrategia: la trampa silenciosa que está frenando a las PyMEs mexicanas


Para muchas pequeñas y medianas empresas en México, el financiamiento sigue siendo sinónimo de urgencia. Se busca cuando el flujo no alcanza, cuando el proveedor presiona o cuando la nómina está en riesgo. El problema es que esta lógica reactiva está llevando a miles de negocios a un ciclo de sobreendeudamiento que, lejos de impulsar el crecimiento, acelera su cierre.

Hoy, más del 62 % de las PyMEs mexicanas opera con bajos niveles de madurez financiera, lo que las deja expuestas a decisiones de corto plazo y a una gestión poco estratégica del capital. Así lo confirma la edición 2025 del estudio Elevando la Madurez Financiera de las PyMEs Mexicanas, elaborado por Xepelin, que pone sobre la mesa una realidad incómoda para el ecosistema empresarial: el acceso al crédito existe, pero se está utilizando mal.

La consecuencia es clara. Cuatro de cada diez empresas que cierran en el país lo hacen por problemas de liquidez o capital de trabajo, una causa directamente relacionada con la falta de planeación financiera, de acuerdo con datos de la Asociación de Emprendedores de México (ASEM). No se trata de una crisis de financiamiento, sino de estrategia.

El error no es la deuda, es cómo se usa

Para Alejandro Toiber, Country Manager de Xepelin México, el problema no es endeudarse, sino hacerlo sin un objetivo claro.

Financiar sin estrategia es el camino más rápido al sobreendeudamiento. El capital debe ser una inversión planificada para el crecimiento, no un parche para emergencias operativas.

En la práctica, muchas PyMEs recurren al crédito cuando el problema ya estalló. En ese punto, las condiciones son menos favorables, las tasas más altas y la presión sobre el flujo de efectivo inmediata. El financiamiento llega, pero no genera valor; solo compra tiempo.

Para el empresario, esto significa operar siempre al límite, sin margen para invertir, innovar o escalar.

El patrón de la inmadurez financiera en México

El estudio de Xepelin permite entender por qué este comportamiento es tan común. El 62 % de las PyMEs se concentra en los niveles más bajos de madurez financiera:

  • 26 % opera en un nivel reactivo, resolviendo problemas conforme aparecen.
  • 38 % se encuentra en un nivel organizado, con ciertos controles, pero sin una visión estratégica del capital.

Apenas una de cada diez empresas ha logrado consolidar una gestión financiera estratégica, donde el financiamiento se utiliza como una palanca de crecimiento y no como una medida de supervivencia.

Esta radiografía explica por qué muchos negocios, incluso con productos o servicios sólidos, no logran consolidarse: el negocio funciona, pero las finanzas no acompañan.

Financiar a los clientes: el riesgo oculto de los plazos largos

A esta falta de madurez financiera se suma una práctica extendida en el mercado mexicano: financiar a los clientes por más de 30, 60 o incluso 90 días, especialmente cuando se trabaja con empresas más grandes.

En la práctica, muchas PyMEs terminan convirtiéndose en el banco de sus clientes, absorbiendo el costo financiero de la operación y debilitando su propio flujo de efectivo. Esta situación ha sido tan recurrente que actualmente existe una iniciativa de reforma al Código de Comercio que busca establecer la obligación de pagar a las PyMEs en un plazo máximo de 30 días naturales desde la entrega de bienes o servicios, siempre que se hayan cumplido las condiciones contractuales.

Es importante subrayar que esta reforma aún no ha sido aprobada como ley vigente; se encuentra en proceso legislativo. De avanzar, podría aliviar parte de la presión de liquidez para miles de empresas que hoy operan financiando a terceros sin respaldo financiero suficiente.

Sin embargo, incluso si esta iniciativa se aprueba, no resolverá por sí sola el problema de fondo. La planeación financiera seguirá siendo indispensable, ya que ninguna ley sustituye una gestión sólida del cash flow.

El principal freno: no ver el flujo de efectivo a tiempo

La raíz del problema es clara: la falta de visibilidad real y proyectada del flujo de efectivo. Sin una lectura clara del cash flow, cualquier decisión financiera se toma a ciegas.

Todavía el 23 % de las PyMEs en México gestiona sus finanzas desde hojas de cálculo, una práctica que refleja la ausencia de una estrategia financiera estructurada. A esto se suma que un 10 % adicional no utiliza ningún sistema formal para llevar sus registros financieros.

Esta dependencia de herramientas improvisadas implica dos riesgos críticos: errores operativos frecuentes y decisiones basadas en información incompleta. Además, sin datos sistematizados, el financiamiento siempre llega tarde, cuando el problema ya ocurrió.

Financiar para crecer, no para sobrevivir

En economías más maduras, el financiamiento forma parte del plan de negocio desde el inicio. Se anticipan necesidades, se proyectan escenarios y se negocian condiciones con tiempo. En México, muchas PyMEs hacen lo contrario: buscan crédito cuando el flujo ya no alcanza.

La diferencia entre ambos enfoques es profunda. Cuando el capital se utiliza con propósito, permite invertir, crecer y mejorar la rentabilidad. Cuando se usa para cubrir huecos, solo profundiza el problema.

Tres claves para construir capital con propósito

Romper con la lógica reactiva requiere un cambio de mentalidad y de procesos. Desde la perspectiva de Xepelin, el acceso a capital debe apoyarse en tres pilares fundamentales:

1. Visibilidad financiera real

Digitalizar la gestión financiera permite proyectar el flujo de efectivo con meses de anticipación y tomar decisiones con mayor certidumbre.

2. Objetivo claro para cada financiamiento

Todo crédito debe estar vinculado a un uso específico que genere retorno: inventario estratégico, expansión o inversión tecnológica. No para cubrir desorden operativo.

3. Planeación como ventaja competitiva

Una PyME ordenada y con proyecciones basadas en datos es percibida como menos riesgosa, lo que abre la puerta a mejores condiciones de crédito y tasas más competitivas.

Más rentabilidad, menos riesgo

La madurez financiera no solo reduce el riesgo de cierre. También impacta directamente en la rentabilidad: elimina costos innecesarios, optimiza el uso del capital y fortalece la estabilidad del negocio.

En un entorno económico retador, las empresas que planifican tienen margen para adaptarse y crecer. Las que reaccionan, apenas logran sostenerse.

Una decisión clave para el empresario mexicano

La lección es clara: la deuda no es el problema cuando forma parte de una estrategia bien definida. El verdadero riesgo está en operar sin planeación y usar el financiamiento como salvavidas constante.

Para las PyMEs mexicanas, avanzar hacia una gestión financiera más madura no es solo una buena práctica: es una condición para competir y permanecer en el mercado.

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