La competitividad de las medianas empresas en México está entrando en una nueva etapa. Ya no se trata únicamente de crecer en ventas o expandir operaciones, sino de hacerlo bajo un modelo integral que articule finanzas, sustentabilidad, diversidad e impacto social. En un entorno marcado por disrupciones en cadenas de suministro, mayor presión regulatoria y riesgos climáticos cada vez más visibles, este cambio no es una tendencia: es una necesidad estratégica.
Para las empresas medianas —que representan una parte fundamental del tejido productivo del país— este momento implica redefinir cómo se construye valor y cómo se asegura la permanencia en el mercado.
Un entorno más exigente para las empresas mexicanas
En México, las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) representan más del 99% de las unidades económicas y generan alrededor del 72% del empleo, de acuerdo con datos del INEGI. Sin embargo, su nivel de productividad y resiliencia sigue enfrentando desafíos estructurales, especialmente en contextos de incertidumbre económica.
A esto se suma un entorno global más complejo. Factores como la relocalización de cadenas productivas (nearshoring), la volatilidad en costos logísticos y energéticos, así como los efectos del cambio climático —sequías, interrupciones en producción agrícola y afectaciones en infraestructura— están impactando directamente la operación de las empresas.
En este contexto, las reglas del juego han cambiado. Hoy, la competitividad no se mide únicamente por eficiencia operativa, sino por la capacidad de integrar múltiples variables estratégicas en la toma de decisiones.
ESG: de discurso reputacional a eje estratégico
Uno de los cambios más relevantes es la consolidación de los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) como parte central de la estrategia empresarial.
De acuerdo con KPMG, el 49% de las empresas en México y Centroamérica ya consideran los temas ESG como elementos clave en su estrategia. Esto refleja un cambio profundo: lo que antes se veía como una iniciativa reputacional o de responsabilidad social, hoy incide directamente en variables críticas como el acceso a financiamiento, el costo de capital y la gestión de riesgos.
Para las medianas empresas, este punto es especialmente relevante. Cada vez más instituciones financieras, fondos de inversión y aseguradoras están evaluando a las empresas con base en estos criterios. No integrar ESG puede traducirse en mayores costos financieros o incluso en la exclusión de oportunidades de inversión.
Como señala Marcela López Lozano, subdirectora de Vinculación Estratégica de Lokton y consejera del IMEF, las decisiones relacionadas con sustentabilidad y diversidad ya impactan directamente el desempeño financiero. Las empresas que incorporan estos factores tienden a ser más resilientes ante choques económicos.

Sustentabilidad como palanca de eficiencia
En paralelo, la sustentabilidad ha evolucionado de ser un concepto aspiracional para convertirse en una herramienta operativa.
Para las empresas medianas, esto se traduce en acciones concretas: optimización en el uso de energía, reducción de desperdicios, implementación de modelos de economía circular y mejora en la gestión de recursos. Estas prácticas no solo reducen el impacto ambiental, sino que generan ahorros y fortalecen la continuidad operativa.
En sectores como manufactura, retail y alimentos, donde los márgenes suelen ser más ajustados, la eficiencia operativa derivada de la sustentabilidad puede marcar la diferencia entre crecer o estancarse.
Mónica Rodríguez Ibarra, experta en Sustentabilidad y Responsabilidad para Pernod Ricard en Latinoamérica, lo resume con claridad: la sustentabilidad ya no es opcional, es estratégica para el negocio. Integrarla con liderazgo y diversidad permite construir empresas más resilientes y con visión de largo plazo.
Impacto social alineado al negocio
Otro cambio clave es la evolución del impacto social. Las empresas están dejando atrás modelos asistencialistas para adoptar enfoques estratégicos que se vinculan directamente con su operación.
Esto implica diseñar programas que fortalezcan a sus comunidades, proveedores y cadenas de valor. Por ejemplo, capacitar a proveedores locales, impulsar prácticas laborales justas o desarrollar iniciativas que mejoren el entorno donde operan.
El beneficio es doble: por un lado, se genera valor social; por otro, se reducen riesgos operativos y se fortalecen relaciones con stakeholders clave.
Carmen Robles, directora de la Fundación Herdez, destaca que la colaboración entre sector privado, público y social es fundamental para escalar soluciones sostenibles. Cuando el impacto social se alinea al negocio, también contribuye a la resiliencia empresarial.
Diversidad e inclusión: motor de innovación
La diversidad y la inclusión (DEI) están dejando de ser únicamente temas de cultura organizacional para convertirse en factores que inciden directamente en la competitividad.
Diversos estudios han demostrado que equipos diversos toman mejores decisiones, son más innovadores y tienen mayor capacidad de adaptación en entornos complejos. En el caso de México, este cambio ya comienza a reflejarse en la alta dirección.
De acuerdo con el estudio Mujeres de la Alta Dirección en México y Centroamérica 2026 de KPMG, el 34% de las directivas en México lidera iniciativas de transformación digital, incluyendo automatización, gestión de datos e inteligencia artificial.
Esto es particularmente relevante para las medianas empresas, que enfrentan el reto de digitalizarse sin perder agilidad. Incorporar liderazgo diverso puede facilitar este proceso y mejorar la toma de decisiones estratégicas.
Griscelda Ramos, directora de Sustentabilidad de Natura México, señala que el liderazgo femenino aporta una visión integral que conecta estrategia, personas y propósito, un elemento clave en el nuevo entorno empresarial.
Por su parte, Cintya Campos, CFO LATAM de CHEP, subraya que la inclusión no es un concepto abstracto. Integrar distintas formas de pensar fortalece la innovación y la capacidad de adaptación, dos elementos críticos para competir hoy.
La cadena de suministro: donde ocurre la transformación
Si bien muchas de estas iniciativas nacen en la estrategia corporativa, su verdadera implementación ocurre en la operación diaria, particularmente en la cadena de suministro.
Las áreas de procurement están jugando un papel central al trasladar criterios ESG y de diversidad a proveedores y socios comerciales. Esto implica incluir estos factores en contratos, indicadores de desempeño y procesos de evaluación.
Para las medianas empresas, esto representa tanto un reto como una oportunidad. Aquellas que logren alinearse a estos estándares tendrán mayores posibilidades de integrarse a cadenas de valor más robustas, incluyendo aquellas vinculadas al nearshoring.
Margarita Gutiérrez, Chief Procurement Officer de PAVISA, lo explica con precisión: la sostenibilidad y la diversidad solo se vuelven reales cuando se integran en decisiones operativas.

Un nuevo estándar de competitividad
La convergencia entre finanzas, sustentabilidad, diversidad y operación está redefiniendo lo que significa ser una empresa competitiva en México.
Para las medianas empresas, esto implica dejar atrás modelos fragmentados y adoptar una visión integral del negocio. No se trata de implementar iniciativas aisladas, sino de integrar estos elementos en la estrategia y en la ejecución diaria.
Este enfoque no solo fortalece el posicionamiento de las empresas, sino que les permite construir modelos más resilientes, eficientes y preparados para el futuro.
Además, en un contexto donde los mercados son cada vez más exigentes —tanto a nivel local como internacional—, esta integración puede ser el factor que determine quiénes logran escalar y quiénes se quedan rezagados.
El papel del liderazgo en la transformación
Finalmente, este cambio estructural no sería posible sin un liderazgo capaz de impulsar nuevas formas de pensar y operar.
Las mujeres que hoy lideran áreas clave como finanzas, sustentabilidad, procurement y transformación digital están desempeñando un papel fundamental en esta evolución. Su enfoque integral está ayudando a las empresas a conectar rentabilidad con impacto social y ambiental.
Para las medianas empresas mexicanas, el mensaje es claro: la competitividad del futuro no dependerá únicamente de cuánto crecen, sino de cómo crecen.
Integrar finanzas, sustentabilidad, diversidad e impacto social ya no es una opción. Es la base para construir empresas más sólidas, resilientes y alineadas con las nuevas demandas del mercado.
En un país donde las MiPyMEs son el motor de la economía, avanzar en esta dirección no solo fortalecerá a las empresas individuales, sino que contribuirá al desarrollo económico y social de México en su conjunto.
