Los pagos no autorizados en e-commerce ya no son un problema técnico: se han convertido en una presión directa sobre precios, empleo y liquidez.
Para una microempresa, cada venta cuenta. Sin embargo, en el comercio electrónico mexicano, una de cada tres operaciones con tarjeta nunca se cobra, aun cuando el cliente sí intentó pagar. Lo que durante años se consideró una fricción técnica hoy se perfila como un problema económico estructural que impacta directamente el flujo de efectivo, los márgenes y la capacidad de crecimiento de los negocios más pequeños.
De acuerdo con datos de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF), en 2023 más de 520 millones de intentos de pago con tarjeta en e-commerce no fueron autorizados. La mayoría de estas transacciones no derivan en reclamaciones formales, pero eso no las vuelve inofensivas: son ventas que no entran, ingresos que no existen y dinero que nunca llega a caja.
Para las microempresas, donde la liquidez no es un indicador financiero sino una condición de supervivencia, este fenómeno tiene consecuencias inmediatas.
Cuando la venta ocurre, pero el ingreso no
Desde el punto de vista comercial, el problema es silencioso. El cliente llega, elige, intenta pagar… y la operación falla. En muchos casos, el consumidor no insiste. Para la empresa, la venta simplemente “no ocurrió”, aunque el costo comercial sí se haya generado: marketing, inventario, logística, atención al cliente.
“El fenómeno ha sido tratado durante años como una fricción técnica. Sin embargo, hoy empieza a leerse como una pérdida económica estructural que presiona precios, márgenes y decisiones de contratación en distintos sectores”, explica Simón Pinilla, cofundador de DRUO, plataforma que permite a las empresas aceptar pagos de forma gratuita o a costos muy accesibles.
En la práctica, cada pago rechazado erosiona el flujo de efectivo, lo que obliga a las microempresas a tomar decisiones defensivas:
- Ajustar inventarios con mayor cautela.
- Retrasar inversiones clave.
- Postergar o cancelar contrataciones.
- Trasladar costos a los precios finales.
- Depender cada vez más de líneas de crédito para operar.
Para un negocio pequeño, perder ventas invisibles semana tras semana puede marcar la diferencia entre crecer o estancarse.

Microempresas: las más expuestas al rechazo de pagos
Aunque el problema afecta a todo el ecosistema digital, las microempresas son las más vulnerables. A diferencia de las grandes compañías, no cuentan con colchones financieros, equipos especializados en pagos o margen para absorber rechazos constantes.
En sectores como:
- Retail digital
- Servicios profesionales
- Suscripciones
- Marketplaces de nicho
- Emprendimientos basados en volumen
la tasa de autorización dejó de ser un indicador técnico y se convirtió en una variable estratégica del negocio.
Un porcentaje alto de pagos fallidos no solo reduce ingresos, también distorsiona métricas clave de ventas, dificulta la planeación y complica la toma de decisiones comerciales.
Más controles, menos certidumbre para vender
El aumento de filtros antifraude, validaciones redundantes y reglas más estrictas de autorización responde a un riesgo real. Sin embargo, el efecto colateral es evidente: más operaciones legítimas están siendo rechazadas.
“El sistema está privilegiando la prevención del fraude, pero está sacrificando ingresos. Ese equilibrio empieza a ser insostenible cuando el crecimiento se desacelera”, advierte Pinilla.
Para las microempresas, este escenario es especialmente complejo. No solo compiten en un entorno digital saturado, también enfrentan inflación persistente, consumidores más cautelosos y mayores costos operativos. En ese contexto, perder ingresos invisibles puede ser la diferencia entre seguir operando o desaparecer.
El dinero que no se cobra también presiona precios y empleo
Uno de los efectos menos visibles, pero más relevantes, es cómo los pagos fallidos terminan impactando al consumidor final. Cuando la eficiencia financiera de una empresa se deteriora, las consecuencias suelen ser claras:
- Precios más altos para compensar pérdidas.
- Menor variedad de productos o servicios.
- Reducción de promociones.
- Menos competencia en el mercado.
“El dinero que no se cobra no aparece en ningún estado financiero como pérdida explícita, pero termina reflejándose en decisiones más duras como recortes, menos inversión o menor competitividad”, señala el cofundador de DRUO.
En el caso de las microempresas, esto se traduce en menos empleo, menor crecimiento y menor capacidad de innovación.
2026: menos tolerancia al dinero perdido
Las expectativas de crecimiento moderado para la economía mexicana, sumadas a mayores exigencias regulatorias y de capital, están obligando a los negocios a replantear cómo entra el dinero, no solo cómo se vende.
En este escenario, el debate ya no es tecnológico, sino financiero y estratégico:
¿Cuánta pérdida silenciosa puede absorber una microempresa sin ajustar precios, estructura o modelo de negocio?
Para muchos emprendedores, la respuesta es clara: cada punto porcentual de rechazo importa.

Infraestructura disponible, decisiones pendientes
La buena noticia es que la infraestructura para pagos más predecibles ya existe. El crecimiento sostenido de las transferencias inmediatas a través del Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) confirma que los consumidores están cada vez más dispuestos a utilizar esquemas distintos a la tarjeta.
Además, han surgido plataformas que permiten transferencias directas de cuenta a cuenta, ampliando el abanico de opciones para cobrar con mayor certidumbre.
El reto para las microempresas no es tecnológico, sino estratégico:
diversificar los métodos de cobro para reducir la dependencia de mecanismos con alta tasa de rechazo.
Este reacomodo implica:
- Analizar dónde se están perdiendo pagos.
- Ofrecer alternativas claras al cliente.
- Priorizar esquemas con mayor previsibilidad.
- Tratar la liquidez como una variable central de competitividad, no solo operativa.
De la venta al cobro: una prioridad para la microempresa
En un entorno donde cada peso cuenta, seguir tratando el cobro fallido como un problema menor dejó de ser una opción viable. Para las microempresas mexicanas, entender y optimizar cómo entra el dinero es tan importante como generar demanda o atraer clientes.
El mensaje es claro: no basta con vender más si no se cobra mejor.
La eficiencia en los pagos ya no es un tema del área financiera; es un factor clave de ventas, mercadotecnia y estrategia empresarial. Y para las microempresas, puede ser la diferencia entre resistir o crecer en un mercado cada vez más competitivo.